lunes, 27 de octubre de 2014

siempre juntos


los amigos


las cosas


el tiempo


tu padre


que mañana


un momento


la amintad


la vida


por llorar


te mereces


perdona tus errores


tus manos


felicidad


jueves, 23 de octubre de 2014

mi vida


las personas


los recuerdos


la felicidad


virtudes


la vida


el ego


con cariño


voy a intentar


miércoles, 22 de octubre de 2014

tarea para hoy


mi corazon


por tenerte


tu y yo


gracias


ausencia


lucha siempre por lo que qauieres


un abrazo


mis pensamientos


tus sueños


un abrazo


un abrazo


la vida


la vida


martes, 21 de octubre de 2014

He decidido dejar impresas las palabras

He decidido dejar impresas las palabras que solo un amor puede provocar,
esas palabras la cuales salen de mi corazón,
las que al envolverme en tú mirada es como si nada pudiese tocarme,
las palabras que al verte se quedan guardadas en silencio,
que posiblemente se ven en mis ojos,
y que solo los tuyos pueden descifrar,
las palabras que al primer momento de verte pude decir,
sin conocerte, y sin saber de donde venias o hacías o ibas,
tú que decidiste detenerte aquí, a mi lado, y compartir tu vida conmigo,
las únicas palabras que sabes descifrar es cuando mis labios dicen te amo,
en una mañana en las que mis ojos no
hablan,
si no habla mi corazón .

te compro una hora

El niño tenía once años. El niño era estudioso, normal y cariñoso con sus padres. Pero el niño le daba vueltas a algo en la cabeza. Su padre trabajaba mucho, lo ganaba bien y estaba todo el día en sus negocios. El hijo le admiraba porque "tenía un buen puesto". 

Cierto día el niño esperó a su padre, sin dormirse, y cuando llegó a casa, le llamó desde la cama: 
– Papá –le dijo- ¿cuánto ganas cada hora?. 
– Hijo, no sé, bastante. Pon, si quieres, dos mil pesos. ¿Por qué? 
– Quería saberlo. 
– Bueno, duerme. 

Al día siguiente, el niño comenzó a pedir dinero a su mamá, a sus tíos, a sus abuelos. En una semana tenía mil quinientas pesos. Y al regresar otro día, de noche, su padre, le volvió a llamar el niño: 
– Papá, dame quinientas pesos que me hacen falta para una cosa muy importante... 
– ¿Muy importante, muy importante? Tómalas y duerme. 
– No, papá, espera. Mira. Tengo dos mil pesetas. Tómalas. ¡Te compro una hora! Tengo ganas de estar contigo. De hablar contigo. A veces me siento muy solo. Y tengo envidia de otros chicos que hablan con su padre... 
El padre le abrazó. 

persiste


crecimiento personal